VISUAL THINKING
Muchos centros intentan llevar a cabo propuestas de
innovación con claustros en los que, todavía hoy, existen docentes anclados en enseñanzas
tradicionales. Algunos de estos docentes se dejan llevar intentando subirse,
con bastantes dificultades, al carro de la innovación. Muchos otros lo hacen
con timidez, casi con miedo, con temor a fracasar, con la vista puesta en sus
estrategias tradicionalistas a las que consideran infalibles. Mi experiencia me
hace pensar que todavía hoy contamos con bastantes maestros/as con serias
dificultades para otorgar un ápice de credibilidad a aspectos de innovación
educativa. Y, por último, hallamos un grupo creciente de docentes, entre los
que me incluyo, con la mentalidad lo suficientemente abierta como para comenzar
a aplicar metodologías activas de aprendizaje en el aula. Algunos lo hacemos
como podemos, en nuestro pequeño terruño que es el aula. Otros, a los que
envidio sanamente, lo hacen en centros donde la innovación está presente de la
cabeza a los pies, siendo es el eje vertebral de la enseñanza.
Sírvame esta introducción para explicar que, si bien no
hablamos de metodologías de aprendizaje, si son éstas lo suficientemente
imprescindibles para dar coherencia a la evaluación continua y formativa de la
que hemos estado hablando en nuestro curso hasta ahora. Este tipo de evaluación
tiene cabida en metodologías de aprendizaje activas (aprendizaje por proyectos,
aprendizajes cooperativos, etc), donde el alumno/a es el protagonista principal
de su propio aprendizaje. Lo mismo ocurre con la evaluación ya que recae sobre
profesor y alumno la coo-responsabilidad de evaluar el proceso de
enseñanza/aprendizaje. Lo hacen a través
de instrumentos que, he de confesar, son totalmente novedosos para una
servidora. Las rúbricas y los portfolios se convierten en herramientas de trabajo
y evaluación muy útiles tanto para el docente como para el propio alumno/a que,
poco a poco, va incrementando su labor de responsabilidad ante la presentación
de tareas, trabajos, proyectos, etc. Para finalizar, quería comentar que lo que
más me gusta de esta forma de evaluar es, sin duda, el hecho de que los errores
se conviertan en un elemento imprescindible para alcanzar nuevos aprendizajes.
El error no se considera como un fracaso sino como una forma de aprender y
mejorar, un paso más para avanzar en los aprendizajes, una manera de reflexión
personal y grupal capaz de hacernos crecer como personas y profesionales.

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